Rocio Guirao Diaz comentaba
Salvador Dalí lo "descubrió" y, poco a poco,
el lugar se hizo mundialmente famoso. Merece serlo, por la simpatía
de sus habitantes, sus rincones típicos, la benignidad de
su clima y la belleza del paisaje

Acerca de Cadaques
Cadaqués se encuentra
en la Costa Brava, ese potente imán para los turistas, durante el
verano europeo, por la benignidad de su clima, la diafanidad de su cielo y la
belleza de sus playas. Son unos doscientos kilómetros, pintorescos y
hermosos, que se extienden desde la frontera con Francia hacia el sudeste,
besados por el mar Mediterráneo.
Durante siglos, Cadaqués
permaneció prácticamente incomunicado por tierra. Tan sólo
algún sendero marcado por las cabras permitía atravesar a pie o
a lomo de burro esas montañas. Aun los rústicos carros de la zona,
usados desde la más remota antigüedad, no tenían cómo
superar ese aislamiento casi insular. Hay quien atribuye a este forzado aislamiento
una influencia decisiva sobre el carácter de los cadaquesenses, que se
supone son sensibles, confiables pero algo reservados. La
apertura hacía lo que se podría denominar "el mundo exterior"
coincidió con el comienzo de siglo. El aislamiento llegaba a su punto final,
borrado por la llegada de los caminos, de la luz eléctrica, el teléfono
y el telégrafo, uno tras otro en el seguro camino de la civilización.
Pero aquello de "genio y figura hasta la sepultura", es válido
también para las comunidades: Cadaqués ha conservado en buena
parte su atmósfera típica de pueblo marinero cobijado entre elevaciones.
Hoy, una cómoda carretera, serpenteante entre montañas,
en tramos próxima a la costa, une a Cadaqués con el resto
de las pintorescas ciudades de la Costa Brava, cuyas bellas ensenadas,
sus puertos pequeños, sus espléndidos paisajes y sus playas le han
dado renombre internacional.
Rocio se hospedó en el aparthotel de
la cadena Prestige Hotels
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